{"id":145,"date":"2010-12-06T10:41:25","date_gmt":"2010-12-06T15:41:25","guid":{"rendered":"https:\/\/azulnaranja.ucatolicaluisamigo.edu.co\/?p=145"},"modified":"2014-09-25T10:43:08","modified_gmt":"2014-09-25T15:43:08","slug":"con-pena-sin-gloria-la-memoria-del-pasaje-la-bastilla-se-va-con-sus-viejos-contertulios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/azulnaranja.ucatolicaluisamigo.edu.co\/?p=145","title":{"rendered":"Con pena, sin gloria, la memoria del pasaje La Bastilla se va con sus viejos contertulios"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\"><em>En la ma\u00f1ana, La Bastilla est\u00e1 envuelta en un olor a caf\u00e9 reci\u00e9n preparado y el ambiente sabe a tertulia. Alguno pontifica como si fuese Tom\u00e1s Carrasquilla, pero en lugar de aguardiente, \u201cuna infusi\u00f3n de j\u00edquera\u201d ameniza las conversaciones. Pasado el d\u00eda, los ritmos norte\u00f1os y el alhel\u00ed reemplazan a las bebidas arom\u00e1ticas avisando que un nuevo viernes ha llegado. <\/em><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" src=\"https:\/\/lh4.googleusercontent.com\/sh1d_zo2tJb5M1s2caKVwCgcdxPI_8W5gwpc6yPqtJTRaDEi41jIb5ooVBTr9sTcr6BNuU_K_2s=w1342-h523\" alt=\"\" width=\"321\" height=\"241\" \/><\/p>\n<p>azulnaranja@amigo.edu.co<\/p>\n<p align=\"justify\">Luego de tomarse un tinto, preparado por una se\u00f1ora de cabellos rojos y lentes de montura grande, y pasar su desayuno, \u00d3scar Hern\u00e1ndez se sienta en una silla del bar El Pasaje, situado en el peatonal La Bastilla, a esperar ofertas de trabajo. Es una rutina que repite hace 30 a\u00f1os.<\/p>\n<p align=\"justify\">A su encuentro llegan Patecumbia o el Siete Mujeres, quienes responden a los nombres de Arnulfo Mu\u00f1oz, Jes\u00fas G\u00f3mez. Don Alonso, propietario del bar, completa la lista de quienes alrededor de su tinto buscan solucionar los problemas del pa\u00eds, los de su vecino, o los de alg\u00fan comerciante del sector que, seg\u00fan consideran, \u201cest\u00e1 perdiendo plata\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">Oscar Hern\u00e1ndez, conocido en el circuito de bares y salones de billar como \u201ctat\u00fa\u201d, dice sentirse muy a gusto en el lugar: \u201cnos juntamos a tomar tinto y a fumar cigarrillo. Me llega trabajo porque los compa\u00f1eros me buscan, nos atienden bien, eso es lo que nos mata, a nosotros, los veteranos\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuadros como \u00e9se son los mismos desde que Hip\u00f3lito Londo\u00f1o trajera desde Caracas (Venezuela) un modelo de c\u00f3mo servir caf\u00e9. A su regreso a Medell\u00edn, populariz\u00f3 en su negocio, el Caf\u00e9 La Bastilla, el \u201ctinto a cinco centavos\u201d, donde las tertulias los partidos pol\u00edticos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Antes de la idea de don Polo \u2013como se le conoc\u00eda-, las cafeter\u00edas s\u00f3lo serv\u00edan empanadas y jugos y las tertulias se hac\u00edan en sastrer\u00edas, librer\u00edas y en los atrios de los templos de La Candelaria, La Veracruz y San Jos\u00e9.<\/p>\n<p><strong>Todos se cuentan<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Todos los d\u00edas con la presencia se llama a lista y si alguno falta, se inquietan y las muchachas que atienden los caf\u00e9s preguntan por el ausente, si est\u00e1 enfermo o si algo le pas\u00f3. Si al siguiente d\u00eda ocurre lo mismo, ellas se encargan de llamar a la casa.<\/p>\n<p align=\"justify\">-\u00bfSon como una familia?<\/p>\n<p align=\"justify\">-S\u00ed, nos juntamos seis o siete a charlar hasta las cinco y media\u2026<\/p>\n<p align=\"justify\">Interrumpe Patecumbia: -\u00a1Cu\u00e1les cinco y media! A la hora del almuerzo usted ya no ve a nadie por aqu\u00ed, nos desaparecemos. Aunque si me quedo me emborracho, y si no tengo plata nos juntamos, inclusive con el cura John Jairo de aqu\u00ed cerquita, el problema es que a \u00e9l le gustan los muchachos.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u201cEsas son las fotos que necesitamos de los escenarios urbanos, las de los ancianos\u201d, asegura Armando Silva, doctor en Literatura Comparada de la Universidad de California. \u201cEn ese tipo de lugares, es posible ver fantasmas y espectadores, lo que sucede es que los fantasmas est\u00e1n dentro los espectadores, son inatrapables, y m\u00e1s que un hecho f\u00edsico, es un hecho psicol\u00f3gico\u201d, en su libro Imaginario Urbanos.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u201cA m\u00ed me gusta venir a ver mujeres bonitas\u201d, afirma Patecumbia, mientras le gui\u00f1a un ojo a una -\u00bfA qu\u00e9 m\u00e1s viene uno? Se les da un piquito y uno queda contento por el resto del d\u00eda &#8211; dice.<\/p>\n<p align=\"justify\">Este hombre de dentadura impecable, jubilado del Seguro Social, que vive en el barrio Alfonso L\u00f3pez, hoy viste pantal\u00f3n de lino, camisa roja a cuadros blancos con un innegable olor a almizcle y quien hace 30 a\u00f1os frecuenta La Bastilla. \u201cYo tuve una novia por aqu\u00ed, pero me dej\u00f3 un enemigo que una vez me sac\u00f3 hasta navaja, diciendo que yo la ten\u00eda que dejar en paz,\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">-\u00a1Vos no ten\u00e9s nada con ella!, me dijo. -\u00a1No te hag\u00e1s pegar una pu\u00f1alada!,\u201d recuerda Patecumbia.<\/p>\n<p><strong>Fil\u00f3sofas y meseras<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Sin contar a las meseras, las mujeres no son muy recurrentes en los paisajes de La Bastilla, salvo en los a\u00f1os del Rock and Roll, cuando los estudiantes de Filosof\u00eda de la Universidad Pontificia Bolivariana \u2013cuya sede estaba calles arriba, por la avenida La Playa- convirtieron al caf\u00e9 La Bastilla en su lugar de encuentro, y ellas se presentaban con minifalda verde a cuadros, su\u00e9teres negros, labios pintados y ojeras a lo Francoise Sagan.<\/p>\n<p align=\"justify\">Todav\u00eda en los a\u00f1os 70, el caf\u00e9 segu\u00eda siendo prestigioso y gozaba de reconocimiento en la ciudad, pero el narcotr\u00e1fico, los falsificadores y \u201cla gente indeseable\u201d \u2013comenta uno de los acompa\u00f1antes de Tat\u00fa- convirtieron a La Bastilla en lo que Rodrigo Alberto Mart\u00ednez Arango en el diario El Colombiano llam\u00f3 un \u201cculto a Baco\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">La gente tambi\u00e9n reconoce al pasaje por \u201cla calle del tuvo\u201d: \u201ctuvo plata\u201d, \u201ctuvo esposa\u201d, \u201ctuvo finca\u201d\u2026 \u201cEsa creencia est\u00e1 muy arraigada porque se cree que aqu\u00ed fund\u00edan el oro\u201d, comenta Oscar, en una chimenea que hoy est\u00e1 en las construcciones del Sal\u00f3n de Billares El Pasaje. El oro, dice, llegaba de Segovia. Al pasaje vinieron a parar abogados, fiscales, literatos, incluso m\u00e9dicos, pero parece que aqu\u00ed Dios no se acuerda de nadie.<\/p>\n<p align=\"justify\">El pasaje La Bastilla entre la avenida La Playa y Pichincha, atravesando las calles Colombia y Ayacucho, calles que bien podr\u00edan ser guardianes, dando lugar a \u201ctres patios\u201d tan distantes uno del otro, que adentrarse en ellos, es explorar un mundo diferente cada cien metros. Las tertulias, los juegos de azar tienen lugar en la primera cuadra \u2013a los pies del majestuoso edificio Coltejer-, en la segunda se imponen los loteros, los libros y el Bar Col\u00f3n, y en la tercera, los almacenes de ropa.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hacia 1968, el pasaje s\u00f3lo llegaba hasta Colombia, pero el Departamento Administrativo de Valorizaci\u00f3n Municipal decret\u00f3 que deb\u00eda extenderse en sentido sur hasta Pichincha.<\/p>\n<p><strong>Letras, tinta y hojas<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 <img decoding=\"async\" src=\"images\/stories\/2010II\/tinto.jpg\" alt=\"Imagen de muestra\" align=\"middle\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Martha Agudelo Tuberquia trabaja con su t\u00edo, hombre delgado, de bigote y cabellos blanco, frente al Centro Comercial del Libro y la Cultura hace cuatro a\u00f1os, cuando abandon\u00f3 su antiguo empleo, de mesera en un bar, -era horrible- afirma. Ella provee el sustento de sus cuatro hijos, y todos los d\u00edas h\u00e1biles se le encuentra de nueve de la ma\u00f1ana a cinco de la tarde, refilando y limpiando los libros de segunda mano que tratar\u00e1 de vender entre dos mil y 30 mil pesos.<\/p>\n<p><strong>Hijo y nieto<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Lilia Rosa Liliam Gil Yepes (aunque parezca un pleonasmo, as\u00ed se llama) cumple un horario similar al de Martha, pero lo hace de puertas para dentro. Esta mujer de 74 a\u00f1os dej\u00f3 de ofrecer los libros que por 20 a\u00f1os vendi\u00f3 en la Plazuela Uribe Uribe y se traslad\u00f3 al entonces Centro Popular del Libro en 1991.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u201cTrabaj\u00e1bamos con unos muebles met\u00e1licos, para que resistieran al sol y al agua, no est\u00e1bamos fijos, como aqu\u00ed, en locales de madera\u201d. Ella todav\u00eda vela por su \u201cmuchacho\u201d, de 43 a\u00f1os, qui\u00e9n es padre de un joven de 17 quien, a su vez, est\u00e1 prestando el servicio militar.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00a0 <img decoding=\"async\" src=\"images\/stories\/2010II\/abue.jpg\" alt=\"Imagen de muestra\" align=\"middle\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">A Martha le preocupa que la Subsecretar\u00eda de Espacio P\u00fablico del Municipio de Medell\u00edn venga y recoja sus libros, por eso paga \u201cparqueaderos\u201d, bodegas que guardan sus inventarios en caso de inconvenientes con los servidores p\u00fablicos. \u201cLos de adentro nos echan a los de Espacio P\u00fablico. Si ellos no son capaces de vender libros baratos, que lo dejen a uno. La gente necesita econom\u00eda\u201d, pero si ellos aparecen el paso a seguir es caminar con cinco o seis libros bajo el brazo, y cuando se pregunta por un alg\u00fan libro, y si Martha lo tiene, es \u201cs\u00f3lo ir a buscarlo\u201d.<\/p>\n<p><strong>Fantasmas del segundo piso<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">La segunda planta de aquel recinto comercial parece un pueblo fantasma, tanto en el d\u00eda como en la noche. \u201cAqu\u00ed vend\u00edan artesan\u00edas, pero ya no tanto. \u00a1Mire, mire! \u00a1C\u00f3mo est\u00e1 de vac\u00edo esto!\u201d, exclama Lilia mientras su mirada intenta buscarme.<\/p>\n<p align=\"justify\">A mediados de los 70, los falsificadores del sector de Calib\u00edo compart\u00edan el espacio con los tinterillos y los mensajeros de la Gobernaci\u00f3n, ellos ven\u00edan de Campo Vald\u00e9s, de La Am\u00e9rica y La Floresta. El rumor de la calidad en los papeles fue tal que hasta la firma de los pap\u00e1s fue f\u00e1cil de imitar.<\/p>\n<p align=\"justify\">La Polic\u00eda tuvo que intervenir, pero unos m\u00e1s astutos que ellos vieron en La Bastilla su nuevo centro de operaciones, claro, luego de probar suerte en los parques de Berr\u00edo y Bol\u00edvar.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u201cAqu\u00ed a usted le sacan un pasaporte, una c\u00e9dula, un diploma, aqu\u00ed se han graduado muchos, hasta d\u00f3lares encuentra uno aqu\u00ed, y bien hechecitos\u201d cuenta Patecumbia con cierto recelo.<\/p>\n<p align=\"justify\">-\u00bfQued\u00f3 algo de los de Calib\u00edo?<\/p>\n<p align=\"justify\">-No, aqu\u00ed quedaron los fuertes, con papeles con sellos y todo. Aqu\u00ed son m\u00e1s verraquitos. Si no, vaya y mire el edificio La Ceiba, hay hasta oficinas.<\/p>\n<p align=\"justify\">A\u00f1ade Tat\u00fa que \u201cde La Bastilla son m\u00e1s las historias que hay llorar, que de las que hay que cantar\u201d.<\/p>\n<p><strong>Ya ni Golazo ni el Diablo se ven ah\u00ed<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Alejandra, de tez blanca y cabellos rubios, trabaja hace seis a\u00f1os en el almac\u00e9n Migro\u2019s, cinco de los cuales fue empleada temporal. Le dec\u00edan que el pasaje era muy peligroso: \u201cme daba miedo, a decir verdad, pero cuando toca trabajar, toca trabajar. Espacio P\u00fablico y la Polic\u00eda vigilan mucho. Los problemas de seguridad del sector no afectan a esta parte de los almacenes. \u201cS\u00ed se escuchan los rumores, pero s\u00f3lo eso\u201d, afirma Alejandra, mientras pega etiquetas a las prendas que deber\u00e1 vender en esta temporada decembrina.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00a1Esto eras m\u00e1s caliente!, pero El Pasaje no es la guarida de ning\u00fan asesino, \u201caqu\u00ed vienen y los rematan, que es muy diferente\u201d, asevera el Siete Mujeres, \u201csin embargo, nos met\u00edamos todos a los bares, en esa \u00e9poca yo s\u00ed tomaba aguardiente\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u201cHace dos a\u00f1os, vinieron dos muchachos en moto, aqu\u00ed al frente de mi local, la cosa era muy peligrosa\u201d, recuerda Lilia.<\/p>\n<p><strong>Noct\u00e1mbulos <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">\u201c\u00bfUsted quiere conocer verdaderamente el pasaje La Bastilla? V\u00e9ngase un viernes o un s\u00e1bado y estese en la noche y pregunta por Tat\u00fa, as\u00ed me dicen por cari\u00f1o\u201d. De noche, el olor a marihuana y a grasa es insoportable, los jugadores de cartas se atiborran en las mesas verdes hexagonales, la sordidez del ambiente puede perturbar, las fritangueras con sus mandiles salpicados por el aceite caliente y los chirrincheros adornan la noche.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <img decoding=\"async\" src=\"images\/stories\/2010II\/calle.jpg\" alt=\"Imagen de muestra\" align=\"middle\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">\u00a0\u201cHoy no est\u00e1 tan pesado, hoy no es quincena\u201d se escucha mientras dos septuagenarios pasan tragos entre s\u00ed.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u201cPrometo no tocarle ni una u\u00f1a, eso s\u00ed, si me ve con mi mujer ni se me acerque esa mujer es muy brava, ya le dije todo lo que ten\u00eda que decirle, venga el viernes\u201d.<\/p>\n<div align=\"justify\">Las tres cuadras del pasaje acumulan historias viejas, como la muerte del ex t\u00e9cnico del Atl\u00e9tico Nacional, Oswaldo Zubeld\u00eda, hasta las de dos mineros que ocurrieron en noviembre pasado. Acumulan a\u00f1os viendo pasar an\u00f3nimos, gentes que detienen el paso y se quedan, para siempre, engarzadas en un juego de cartas, en un trago de alcohol, en la bocanada infinita de un cigarrillo que no terminan m\u00e1s de fumar.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la ma\u00f1ana, La Bastilla est\u00e1 envuelta en un olor a caf\u00e9 reci\u00e9n preparado y el ambiente sabe a tertulia. 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