La ludopatía en la era digital

Por: Sofía Rodríguez

¿En qué momento una simple apuesta por diversión se convierte en una necesidad imposible de controlar? El auge de las apuestas deportivas y los casinos virtuales ha hecho que cada vez más personas crucen esa línea sin ser conscientes de las consecuencias.

En la actualidad, las apuestas deportivas y los casinos virtuales han tomado fuerza tanto en jóvenes como en adultos. Ahora, para apostar no es necesario salir de casa; basta con tener un dispositivo con acceso a internet para depositar dinero y jugar con la suerte. Este método ha permitido que estas plataformas se enriquezcan cada vez más, pero también ha generado un problema creciente: la adicción al juego.

En Colombia, la transición del juego recreativo a la adicción ha aumentado rápidamente. Según estudios recientes de la Universidad Nacional, el riesgo de ludopatía en jóvenes ya alcanza niveles de entre el 6 % y el 8,9 %. Esta tendencia se refleja en las cifras de Coljuegos, que a inicios de 2026 reportó un crecimiento del 9,3 % en la actividad de apuestas, impulsada principalmente por las plataformas digitales.

¿Cómo funcionan estas plataformas?

Los casinos virtuales permiten acceder, a través de internet, a juegos de azar como tragamonedas, ruleta, blackjack y póker. El usuario solo debe registrarse, depositar dinero en una cuenta y comenzar a jugar desde su dispositivo móvil o computador. A diferencia de las apuestas deportivas, en estos juegos no existe posibilidad de prever el resultado: todo depende del azar.

Cuando el jugador gana, puede retirar el dinero obtenido; cuando pierde, el dinero queda en manos de la plataforma.

Las apuestas deportivas, por su parte, funcionan sobre eventos reales relacionados con disciplinas como fútbol, tenis o béisbol. El mecanismo es similar: el usuario se registra, define cuánto dinero apostará y, dependiendo del resultado, recibe ganancias o pierde el monto invertido.

Aunque ambas modalidades parecen simples formas de entretenimiento, especialistas advierten que el acceso inmediato y constante puede facilitar conductas compulsivas.

El siguiente testimonio evidencia cómo una práctica aparentemente inofensiva puede convertirse progresivamente en una adicción. Felipe Osorio relata cómo su padre, Andrés Osorio, ingresó al mundo de las apuestas como un pasatiempo ocasional, pero terminó atrapado por el juego.

Según Felipe, el cambio comenzó a reflejarse en la convivencia familiar: “Se volvió más irritable, empezó a mentir sobre en qué se gastaba la plata, permanecía en casinos y llegaba tarde a la casa”. Las consecuencias también afectaron la estabilidad económica del hogar y deterioraron la confianza familiar.

“Gastaba dinero que estaba destinado para cosas importantes de la casa. Su sueldo ya no alcanzaba ni siquiera para lo básico y, gracias a esa situación, perdimos el carro familiar”. Felipe asegura que uno de los principales obstáculos fue la negación del problema. “Decía que todo estaba bajo control, no reconocía lo que estaba pasando y se enojaba ante cualquier reclamo”.

La situación terminó por fracturar a la familia: “Uno quiere ayudar, pero no sabe cómo hacerlo si la otra persona no acepta que tiene un problema. Mi madre se cansó de intentar ayudarlo y no le quedó otra salida que divorciarse de él, quedándonos ella y yo solos y él por su camino con una familia destruida”.

Para el psicólogo José Daniel Arboleda, este tipo de conductas suelen originarse en una dificultad para gestionar las emociones y afrontar pérdidas personales. «Muchas de las ludopatías se presentan cuando la persona tiene pérdidas significativas; entonces aprende que, para evitar ese malestar, intenta sustituirlo o compensarlo con el juego”.

El especialista explica que la gratificación inmediata genera una percepción distorsionada de control y minimiza las consecuencias a largo plazo. agrega que por el bienestar que logran a corto plazo, no dimensionan el malestar que puede generar a largo plazo. No se miden en cuánto van a invertir o gastar; lo único que piensan es en alcanzar ese bienesta.

De acuerdo con Arboleda, el riesgo aumenta cuando el juego se convierte en la principal fuente de satisfacción emocional. En ese punto, la persona empieza a aislarse de su entorno, descuida su vida cotidiana y deteriora sus relaciones personales y laborales.

Sin embargo, la línea entre el entretenimiento y la adicción sigue siendo difusa para muchos usuarios. Santiago Franco, estudiante de Derecho, representa el perfil del apostador ocasional que asegura mantener el control sobre esta práctica.

“La frecuencia con la que he apostado en plataformas digitales es bastante esporádica, sobre todo en fútbol, muy de vez en cuando cuando hay una cuota atractiva o algún partido importante”. A diferencia de quienes desarrollan conductas compulsivas, Santiago afirma manejar montos reducidos.

“No sobrepasan los 20.000 pesos”.

Para él, las apuestas funcionan como una forma adicional de entretenimiento que le permite seguir los partidos con mayor atención. “Cuando no se vuelve rutina, uno lo puede dejar de un momento a otro”.

No obstante, Arboleda advierte que el peligro de estas plataformas radica precisamente en su capacidad de generar hábitos progresivos. Lo que inicia como una actividad ocasional puede transformarse en un mecanismo recurrente de escape frente al aburrimiento, la ansiedad o los problemas personales.

La diferencia entre el caso de Santiago y la historia de Andrés Osorio muestra que la ludopatía digital rara vez comienza como una tragedia. En la mayoría de los casos, surge a partir de una práctica cotidiana, aparentemente inofensiva y fácilmente accesible.

Para el especialista, la solución no depende únicamente de regular las plataformas de apuestas, sino también de fortalecer la educación emocional. Aprender a manejar la frustración, tolerar el aburrimiento y reconocer el malestar como parte natural de la vida son herramientas fundamentales de prevención.

En una época en la que apostar es tan sencillo como desbloquear un celular, el verdadero desafío consiste en evitar que una simple “cuota atractiva” termine poniendo en riesgo la tranquilidad propia y la de quienes rodean al jugador.

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